Investigación: Maternidad, entre otros retos para el ejercicio de la profesión

por Rubí Aguilar

Si una mujer nace en México tiene las mismas oportunidades de estudiar que un hombre: solamente el 17% de la población obtiene un título universitario de los cuales poco más del 50% son mujeres. A la hora de emplearse, únicamente el 66% de las mujeres egresadas encuentran trabajo, cifra que contrasta con el 80% de los hombres que logran conseguirlo.

 

 

De acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en 2018 la participación de las mujeres en el trabajo es de 48.5%, 26.5 puntos porcentuales por debajo de la participación masculina (esta cifra representa a personas empleadas sin importar su grado de estudios).

En México, las mujeres constituyen el 43.8% del personal ocupado en las actividades económicas y generan el 18% del Producto Interno Bruto (PIB).

 

 

En 2018, de acuerdo con cifras del Foro Económico Mundial, la participación femenina se enfoca mayormente en los sectores de: Cuidado de la Salud (61%), Educación (59%) y en organizaciones no gubernamentales (57%), mientras que la menor representatividad se enfoca en Manufactura (23%), Energía/Minería (25%) y Software/Tecnologías de la Información (27%),

siendo las tres últimas, actividades en las que las mujeres han aumentado su participación en los últimos años.

Mariana (49 años) tiene una tienda de abarrotes. A los 15 años, después de concluir la secundaria, ingresó a una escuela de enfermería en la Ciudad de México y comenzó a laborar en el hospital La Raza para poder sustentar sus gastos, pues tenía ocho hermanos y sus padres no podían otorgarles estudios. Estuvo laborando durante cuatro años y recibió su título de enfermera, a pesar de no tener especialidad ella aprendió sobre pediatría, geriatría, entre otras cosas. Se embarazó y su primer marido no la dejó seguir trabajando, se separó de él y su siguiente esposo tampoco le permitió trabajar. Se dedicó a ser ama de casa y desde hace más de 10 años atiende su miscelánea.

 

 

En México la maternidad es un factor determinante para el empleo profesional de una mujer pues, según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), el 31.5% de las madres tienen un trabajo informal; el 38.6% en empresas y negocios y el 16.1% restante en instituciones públicas o privadas.

La feminización de la educación superior ha estado siendo una característica de América Latina desde hace algunas décadas; las mujeres han tenido un alto índice de participación en las universidades, su presencia ha llegado a rebasar a la de los hombres. En Uruguay las mujeres representan el 61% y en Venezuela el 60% del total de estudiantes. Aquí en México el porcentaje de egresadas ha aumentado pasando del 19% en 1970 al 53.5% en el 2015. Asociado a esto, algunos estudios realizados por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), demuestran que en la evaluación del desempeño académico es mejor el resultado de las mujeres que el de los hombres.

 

 

Ante el excelente grado de aprendizaje y buena formación que pueden tener; a algunas mujeres les pesa mucho la construcción social de su deber en el hogar y compromiso con la familia.

“No seguí en el hospital porque no me dejaron, me dijo: quieres casa o trabajo, y preferí quedarme en mi casa. Sí me arrepiento y hay veces que quiero irme, pero ya hasta perdí mis papeles y no me acuerdo cómo se llamaba la escuela. Muchas personas vienen a que les tome la presión, también doy terapia muscular y para parálisis facial, sé hacer el meneo a las embarazadas si el niño viene volteado, aprendí bien, yo sé hacer de todo pero…” (Dice Mariana mientras hace una mueca como indicando resignación).

“Las dificultades en la integración de los roles que componen la vida de las mujeres es un factor que impacta de manera negativa para participar activamente en la esfera laboral”. (Forbes México)

 

 

En el ámbito profesional las, mujeres mexicanas se enfrentan a problemáticas sociales como el machismo, la disyuntiva de género, el acoso o la maternidad como es el caso de Valeria de 29 años, ella es Licenciada en Ciencias de la Comunicación, egresada de la Universidad Privada del Estado de México.

“Nunca ejercí, lo más cercano a eso fue mi servicio social en Televisión Educativa pero eso seguía sin gustarme del todo; para entonces ya estaba casada y con mi primera hija (Sam), durante el servicio social me embaracé de Pame y fue un embarazo complicado. Terminé la carrera, tuve a Santi y me mudé de estado, soy madre de tiempo completo”.

A pesar de las innumerables campañas sociales contra la discriminación de género en los empleos, la brecha se sigue viendo y marcando mayormente en el ámbito salarial. La OIT estima una diferencia del 30% entre hombres y mujeres. Para Valeria ésa es otra de las razones por las que no ejerce su carrera, además de tener que cuidar de sus hijos, y porque gracias al salario de su esposo que es piloto es que logran costear todos los gastos.

 

 

La ENOE arrojó datos en cuanto al nivel del primer salario de los egresados de las universidades: el 47% señaló ganar entre 3,000 y 8,000 pesos mensuales. La diferencia entre hombres y mujeres cuando los salarios son más altos es, por ejemplo, que quienes ganan entre 8,000 y 15,000 pesos mensuales, 21% son hombres y 14% son mujeres. La diferencia sigue presente aún en salarios superiores a los 15,000 pesos mensuales en dónde 8% son hombres y 3% mujeres.

Al considerar a la maternidad como una desventaja de la mujer frente al hombre, muchas instituciones actúan de manera favorable brindando beneficios como horarios flexibles, incapacidades extendidas y guarderías; para que las que desean ser trabajadoras y madres puedan lograrlo sin que esto se presente como un obstáculo y tengan la oportunidad de conseguir sus metas o puestos más altos.

 

 

Lizbeth García Rincón, directora de Vinculación Laboral de UNITEC expresa las fortalezas que deben tener las mujeres que se enfrentan al campo laboral profesional: “En la medida que la equidad de género se convierte en una realidad, el nuevo panorama trae consigo algunos retos para las mujeres, como el hecho de que su formación académica en ocasiones deberá tener un mayor nivel que el estándar o ser necesariamente especializada, además de que tendrá que contar con fundamentos competitivos integrales para hacer frente a la demanda laboral habitual. Esto no significa que el camino a la equidad de género siga siendo un obstáculo inamovible para las

mujeres, sino que cambiar antiguos prejuicios e ideas toma tiempo y las mujeres debemos estar preparadas para ello, teniendo las aptitudes suficientes tanto académicas como profesionales.”

 

 

Muchas mujeres con hijos no tienen la necesidad de trabajar, algunas sí ya que no tienen esposos. El INEGI reporta que 28 de cada 100 mujeres ejercen su maternidad sin pareja. Siete de ellas son madres solteras y 21 están separadas, viudas o divorciadas. De las madres a partir de los 15 años, 43.4% tiene empleo. Según el INEGI, 63.7% de las mujeres ocupadas y con hijos son trabajadoras subordinadas y remuneradas, 26.6% trabaja por cuenta propia y 7% son mujeres ocupadas que no reciben remuneración por su trabajo; sólo el 2.7% de las mujeres que son madres y están ocupadas, son empleadoras.

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