Investigación: Perfil periodístico de Edith Piaf

EL AMOR

Edith Giovanna Gassion/ La Môme Piaf (pequeño gorrión)

 

por Rubí Aguilar

 

La francesa Piaf contaba que había nacido en la calle, (pero la investigación de un periodista desmintió ese mito diciendo que había nacido en un hospital) de niña vivió de mano en mano con sus abuelas, una de ellas era dueña de un burdel, hasta que por fin pudo estar con su padre que después de participar en la primera guerra mundial como soldado se dedicó a cuidarla como pudo, trayéndola en circos y en calles dando espectáculos de acrobacias para sobrevivir.

El alcohol fue cercano a ella desde pequeña pues una de sus abuelas le daba biberones llenos quizás para mantenerla tranquila y su padre bebía mucho; ya en la adolescencia ella también había empezado su consumo mientras cantaba en las calles, las drogas también las conoció allí pero fue hasta la muerte del boxeador Marcel Cerdan, el amor de su vida, que se volvió adicta a la morfina.

 

 

Su vida fue como el vuelo de un ave, unas veces se encontró en la cima de los cielos y otras estuvo en el suelo. Las altas y bajas que la marcaron fueron conocidas, no se guardaba secretos, en las entrevistas, contestaba sin pensar mucho en lo que iba a decir y a pesar de todo se mantenía con fuerza quizás porque nada la podía destrozar después de haber pasado por tanto dolor.

Aunque en su corta vida le hizo falta el amor ella lo conoció muy bien, fue una mujer entregada en cada aspecto, relaciones, amistades y profesiones lo que le valió para recibir reconocimiento no sólo en el mundo de la música; encontró el mayor afecto de su mejor amiga Simone Berteaut (Momone) que desde que la conoció no se separaron hasta el día en el que murió Edith.

 

 

 

En muchas ocasiones, La Piaf mencionó que si dejaba de cantar su vida perdería sentido al punto de tener que suicidarse, contrario a esto, en sus espectáculos parecía estar de luto, siempre que se presentaba usaba vestidos negros, su piel blanca resaltaba de su atuendo, los músculos de su cuello se movían en cada palabra que cantaba como si quisieran salir de su cuerpo, ella parecía un muñequito que apenas movía un poco las manos en los momentos cúspides de las melodías. La música fue su único medio de desintoxicación pues en una entrevista dijo que jamás podría usar drogas en el escenario.

Todo lo bueno en forma de amor que llegó a su vida le fue dado como a probaditas para luego desaparecer, como el nacimiento de su única hija que falleció a los dos años; o Louis Leplée, el hombre que la descubrió y poco después murió asesinado, o Marcel Cerdán, su amante boxeador, que también falleció a poco tiempo de iniciada su relación.

 

 

 

Su deseo por sentir afecto la hizo una dama fanática de los hombres, la lista de sus amores no fue corta pero tuvo solamente dos matrimonios; es bien sabido que el único hombre al que amó profundamente fue a Cerdan, el boxeador que después de un año de romance a escondidas por ser un hombre casado, murió en un accidente de avión mientras marchaba a uno de sus encuentros.

La sensación de soledad que la perseguía desde niña no la dejaba estar tranquila y cuando falleció Cerdan, ella intentó suicidarse. Para sobrellevar el dolor se hizo adicta a la morfina y fue tanta la desesperación sin él que dejó de comer por varios días y solamente se drogaba; se encerró a oscuras en su casa y con una tabla ouija que consiguió su amiga Momone, intentó comunicarse con Cerdan, pero la tabla no le habló, después de varios intentos, Mommone tomó la tabla y escribió la palabra manger (comer), lo que interpretó para Edith que Cerdan quería que ella estuviera bien y para eso necesitaba alimentarse

 

 

Edith no dejaba cosas para después, si una canción que le agradaba llegaba a sus oídos, ella sin titubeos la pedía y la grababa para hacerla éxito en su voz; si un hombre le gustaba lo hacía suyo en el menor tiempo posible, todo lo que quería lo conseguía pues era poderosa, rica y nada ni nadie se le negaba a La Móme Piaf.

Su voz fue la más intensa de toda Francia, la fuerza de sus interpretaciones provenía de sus experiencias tormentosas o maravillosas y las emociones que

sentía eran tantas para un cuerpo tan pequeño que no alcanzaba el metro y medio de altura; de alguna forma esa energía debía salir: mientras dormía, sus puños estaban siempre tensos, no sería raro pensar que todas las alteraciones de su vivir le dieran la fuerza que le hacía posible cantar con esa voz mezzosoprano.

 

 

La fortuna que ganó cantando fue la misma que gastó en sus placeres tanto como hombres, regalos, ayudas, lujos, borracheras y en sus últimos años, en drogas.

Ella se mostraba solidaria, ayudó a todo aquel que pudo y se entregó como ninguna en cada aspecto, amantes, amistades, música y actuación. Durante la segunda guerra mundial ayudó a artistas judíos y los mantuvo refugiados mientras cantaba en Alemania aunque algunos la llamaran traidora.

El amor fue el motor de su trayectoria, el amor nunca la decepcionó y le escribió un himno. Vio la vida en rosa aunque pasó por momentos oscuros y nunca se arrepintió de nada, ni del bien ni del mal que le hicieron; todo le dio igual hasta el final de sus días.

 

 

 

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